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Salinas Pliego y el embuste obradorista

Los obradoristas creen las cosas más increíbles: dos ejemplos: que el gobierno de AMLO es absolutamente diferente en composición, intenciones y desempeño, una ruptura radical o total con los del pasado, y que en él no hay corrupción ni se solapa a los empresarios más ricos y mafiosos.

La realidad manda sus peros con apellidos secundarios, Moctezuma Barragán, y principales, Salinas Pliego.

Como los neopejistas Manuel Bartlett, Manuel Espino, Germán Martínez, Alfonso Durazo y tantos otros que no son de izquierda, Moctezuma fue político de otro partido y defensor de gobiernos del periodo económico neoliberal: fue efímero secretario de Gobernación y después de Desarrollo Social con Ernesto Zedillo. Años más tarde fue director de la fundación, es decir, del brazo (auto)“filantrópico” de un miembro de “la mafia del poder”, Ricardo Salinas Pliego. Este “fifí” al cubo ya tenía relaciones con el supuesto inquisidor de todos los mafiosos, Andrés Manuel López Obrador, y tan buenas y útiles que Moctezuma terminó en el gabinete de “la cuarta transformación”. Político varias veces fracasado, no experto en educación, tampoco de izquierda alguna, protagonista del pretérito, servidor de un billonario corrupto, y bienvenido al gobierno “transformador”… Pasar del gobierno a la iniciativa privada puede ser un riesgo antiEstado, pero también puede serlo pasar de las más grandes empresas privadas a un gobierno. Pero eso no lo ve AMLO. Es el caso de Moctezuma.

La historia sigue con don Esteban en la SEP “de cuarta”: rescata a su otro jefe del terrible esfuerzo de hacer caravana con sombrero ajeno y las orquestas Esperanza Azteca pasan a la administración pública federal. Una entidad parcialmente privada se convierte en parte de lo público pero no porque se haya pensado a favor de esta esfera sino porque se decidió satisfacer a un multimillonario. Con la venia del “nuevo” presidente, los beneficios que recibe Salinas Pliego del presupuesto se mueven hasta llegar al 30 de marzo: Moctezuma regala un contrato de 969 millones de pesos a su jefe privado –lo que no puede ser o sostenerse sin la autorización de su jefe público.

Eso es corrupción. Conflicto de intereses. Abuso de poder. Influyentismo. Contradicción. Pocas veces se entiende, pero corrupción es usar lo público como si fuera privado, no necesariamente violar la ley sino conseguir ventajas o ganancias privadas manipulando lo que es o debe ser público. Eso es lo que buscó Salinas Pliego. Eso fue lo que operó Moctezuma. Eso es lo que tolera López Obrador.



Los fanáticos pueden contentarse al canto superficial y mamón de un Gibrán Ramírez –arrullo de borregos-, pero ni se terminó la corrupción ni se ha concretado el cambio de régimen, y menos de uno autoritario pre AMLO a uno democrático por AMLO. El gobierno obradorista no es tan diferente a los anteriores. Son muchas las continuidades, así como son varias las destrucciones, varios los empeoramientos y muy pocos los aciertos. Moctezuma y Salinas Pliego encarnan gran parte de lo que continúa del falso viejo régimen (los criticables gobiernos postransicionales) y el verdadero viejo régimen (el sistema del PRI superado como régimen nacional por la Transición imperfecta): la simulación, el amiguismo, el patrimonialismo y la corrupción. Y algunos apellidos, desde luego; apellidos que hoy aparecen junto al de López Obrador; todos ellos siguen deteriorando al régimen democrático preexistente mientras hablan de una nueva democracia inexistente.

Por eso es tan criticable que algunos despistados y otros hipócritas “izquierdicen” a Salinas Pliego por convenir a López Obrador. Como Jenaro Villamil. Por eso es tan cuestionable que algunos hipocríticos no critiquen su alianza. Ricardo Salinas nunca ha sido ni será de izquierda, ni democrático. Y AMLO no actúa frente al dueño de TvAzteca como actuaría un izquierdista o un estadista. Si fuera una cosa o la otra, pondría impuestos justos y redistributivos a la poluta riqueza personal de los Salinas, y don Ricardo, ya que usa la palabra Suecia para oponerse a las medidas contra la pandemia, debería pagar impuestos a niveles suecos –o, bueno, que empiece pagando los que debe.


Con información de Etcétera


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