Manuel García Peña Valadez

Por: Rafael Delgado Hernández.

Yo conocí un Abogado que reunía todas las cualidades de un verdadero Jurista, su nombre es Manuel García Peña Valadez, a él lo conocí cuando anduve en mi incipiente participación como líder estudiantil siendo alumno de la Preparatoria Venustiano Carranza de la Universidad Autónoma de Coahuila, el Maestro Manuel García Peña, era Director de la Facultad de Derecho de dicha Universidad, fueron pocas las ocasiones que lo vi en asambleas estudiantiles cuando yo era estudiante de prepa, pero como decidí estudiar la Licenciatura en Derecho, en aquellos tiempos de 1985 saque mi ficha para acceder al curso propedéutico para prepararme para el examen de admisión a dicha facultad.
Así que, con mis ánimos de convertirme en Abogado tome dicho curso y aprobé mi examen de admisión a la Facultad de Derecho, y ya ahí cuando me inscribí a Leyes, fue donde tuve la gran fortuna de tratar diariamente a mi Director a García Peña como de cariño le decíamos sus alumnos.
Desde el primer día de clases el Maestro García Peña, me invito a pasar a la dirección para hablar con él, bien recuerdo que en ese momento me pregunto cuáles eran mis motivos para estudiar derecho, y yo sin reflexionar mucho sobre el tema le respondí que quería convertirme en Abogado porque no me gustan las injusticias y deseaba defender a las personas ante las arbitrariedades de otros, inclusive de las propias autoridades, así fue como el Maestro García Peña, empezó a orientarme de como estudiar derecho y cuales deberían de ser las características que tenia de asumir como un verdadero estudiante de leyes.
En aquel tiempo del año de 1986, siendo ya estudiante de la facultad participe como Consejero Universitario representando a los estudiantes ante el máximo órgano de decisión de la universidad, y con ese cargo tenia trato diario con el Director de la Facultad, y cada vez que hablaba con él me dejaba enseñanzas inolvidables que forjaron en mí una decisión irrompible de graduarme como abogado, cada enseñanza, cada consejo que recibí de Manuel García Peña Valadez, me quedó grabado para siempre, así que de una de esas enseñanzas me convencí que para ser un verdadero jurista tenia que estudiar mucho, que tenia que leer hasta el cansancio, pero además de cultivar mis conocimientos, tenia que fortalecer mi voluntad porque para destacar como abogado, no nada más hay que ser honesto sino parecerlo, de ahí, que don Manuel nos pedía a los alumnos que mínimo vistiéramos con saco y corbata, bien decía que la bata blanca distingue al médico, como el traje al abogado, así que como pude adquirí mis primeras corbatas y uno que otro saco de vestir.
Cada día que veía a mi director y platicaba con él, más me convencía de estudiar leyes y de graduarme como abogado, al ver el Maestro Manuel García Peña se fortalecía mi deseo de convertirme en un buen estudiante y en un futuro jurista, para mi fortuna mi director me invitó a colaborar como asistente en su Despacho Jurídico, en la firma legal de GARCÍA PEÑA & ASOCIADOS, que en aquel tiempo era uno de los despachos jurídicos más prestigiados de la región, y uno de los mas grandes y especializados de representación legal, así fue como entre a formar parte de ese prestigiado grupo de abogados litigantes y estudiantes destacados que colaboraban en esa firma legal.
Siendo ya parte del despacho de García Peña y estudiante de la facultad, un día que fui a clase me lleve la desagradable sorpresa que un grupo de alumnos tomaron la escuela bajo el infundado argumento de que la base estudiantil ya no querían como director al maestro García Peña, y con confabulaciones políticas proponían una elección para un nuevo director, lo cual de forma por demás ilegal consiguieron ese objetivo de que se realizara un referéndum, en el cual se decidiera si los alumnos y maestros de la facultad ratificaban a nuestro legitimo director o se convocaba a una elección para elegir un nuevo titular en la facultad de derecho.
Así bajo condiciones totalmente injustas se nos obligó a aceptar ese mentado referéndum, no obstante que esa petición solo la respaldaban un grupo minoritario de estudiantes y maestros que no estaban de acuerdo con la exigencia de la excelencia académica que como directriz proponía nuestro Director García Peña, pero cual fue la sorpresa de ese grupúsculo que les ganamos el referéndum, y el Maestro García Peña quedó ratificado como nuestro legitimo director de la facultad, así que abiertas las puertas de la facultad para reanudar las clases, algunos tipejos que seguían inconformes continuaron queriendo desestabilizar la paz y la tranquilidad estudiantil, así que hubo algunos enfrentamientos que no habían pasado a mayores, hasta que unos individuos pasaron a niveles más graves de agresión estudiantil, y yo fui una de sus víctimas al recibir un artero disparo de arma de fuego, que me dejó incapacitado por cerca de un año, y en ese tiempo de convalecencia hospitalaria, viene a mi mente las palabras que me dijo mi director, me platicó muy serio que me olvidara de la política estudiantil, que no valía la pena poner en riesgo la integridad de los estudiantes frente a ese grupo de porros que querían desestabilizar la facultad, y con tristeza me mencionó que él no podía anteponer su cargo y la defensa que hacíamos de su dirección los verdaderos estudiantes de nuestra facultad, al poner en riesgo la vida de los estudiantes, así que el Licenciado Manuel García Peña, no obstante su gran liderazgo, nos pidió que ya no hubiera enfrentamientos estudiantiles, que solo nos dedicáramos a estudiar y a terminar la carrera de abogado, y que esas personas no podrían destruir la universidad, porque las instituciones perduraran y los cargos públicos tarde que temprano se terminan.
No paso mucho tiempo de ese atentado que sufrí, a la fecha en que aconteció el triste fallecimiento de mi Director Manuel García Peña, su partida me dolió mucho, porque lo consideré como un Padre para mí, y creo que si lo fue, porque desde el año de 1985 hasta su lamentable perdida, todos los días que conviví con él le aprendí muchas cosas que me sirvieron para consolidarme como ciudadano de bien y como abogado, él me hablaba como cuando se le habla a un hijo, siempre buscando su progreso y bienestar, él me prestaba todos los libros de su despacho para estudiar, inclusive pago algunas de mis inscripciones como bonos de trabajo en su despacho, aparte de lo que era mi salario.
Puedo decir muchas cosas que aprendí al lado de mi querido Director de la Facultad, pero lo sintetizo de tal forma, en el sentido, de que Manuel García Peña fue un hombre íntegro, honesto, muy culto, un Jurista de altos vuelos, para mí era el mejor abogado litigante de aquellos años, que inclusive dejó una huella imborrable en sus alumnos, al grado tal de que se formó a su alrededor una especie de sociedad que denominamos “LOS GARCÍA PEÑA”, y así se nos conocía dentro del mundo jurídico y de la abogacía, ya que no cualquiera formaba parte de esa comunidad de abogados honestos, profesionales y muy responsables que mucho aportaron a esta comunidad, de los cuales unos muy distinguidos ya fallecieron, no queda más que honrar su memoria haciendo lo que fue su gran motor de vida, hacer justicia, y más en tratándose de los más desprotegidos.




Comentarios