Descubrieron que muchas veces los rumores corren más rápido que los hechos.
Que algunos disfrutan anunciar finales porque creen que así parecerán más inteligentes cuando ocurran.
En Santa Aurelia de los Vientos, el polvo nunca se asentaba. No era por el clima, aunque el viento soplaba con la terquedad de los viejos rumores; era porque todo el pueblo estaba abierto en canal. Calles levantadas, banquetas a medio hacer, zanjas que parecían cicatrices recientes. Nadie recordaba ya cómo era caminar sin rodear escombros.