Sinaloa y la cortesía internacional: cuando los exfuncionarios ya ni esperan invitación
- redcomarcamx

- hace 4 días
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En un nuevo episodio de esa entrañable tradición nacional conocida como “yo no fui, pero por si acaso aquí estoy”, el Gabinete de Seguridad confirmó que el exsecretario de Seguridad de Sinaloa decidió entregarse voluntariamente a autoridades de Estados Unidos.
Sí, voluntariamente.

Porque, al parecer, nada refleja mejor la tranquilidad de una conciencia limpia que cruzar la frontera para ponerse a disposición de otro país. Un gesto que, sin duda, debe interpretarse como una muestra admirable de cooperación institucional y no como el pequeño detalle de quien entiende que ciertas preguntas suelen formularse con mayor insistencia del otro lado del Río Bravo.
La noticia, desde luego, vuelve a colocar a Sinaloa en el centro del escenario internacional, consolidando esa ya larga vocación del estado por producir titulares que combinan política, seguridad y sobresaltos judiciales.
Las autoridades mexicanas, con esa serenidad burocrática que caracteriza los momentos incómodos, informaron el hecho como quien reporta una actualización administrativa más. Nada extraordinario. Nada que sugiera preocupación. Nada que haga pensar que uno de los personajes más relevantes en la estructura de seguridad estatal decidió, por iniciativa propia, buscar cobijo procesal fuera del país.
Porque si algo ha distinguido a la política mexicana es su infinita capacidad para normalizar lo extraordinario.
Que un exsecretario de Seguridad de una entidad históricamente golpeada por la violencia decida presentarse ante autoridades estadounidenses debería provocar preguntas elementales. ¿Qué información posee? ¿Qué teme? ¿Qué pretende negociar? ¿Y por qué consideró más conveniente aclarar su situación ante instancias extranjeras que ante las instituciones nacionales?
Pero pedir respuestas concretas sería una grosería institucional.
En tiempos donde la opacidad se administra con elegancia y los silencios oficiales se presentan como prudencia jurídica, lo correcto es esperar. Tener paciencia. Confiar en que, eventualmente, alguien explicará lo que hoy todos prefieren narrar con eufemismos.
Mientras tanto, la clase política sinaloense seguramente observa con atención quirúrgica.
Porque en estos casos, una entrega rara vez es solamente una entrega.
A veces es una declaración sin micrófono.
A veces es una señal.
Y a veces, como suele ocurrir cuando ciertas piezas comienzan a moverse, es apenas el amable prólogo de una historia mucho más incómoda para quienes todavía permanecen sentados, muy tranquilos, en sus oficinas públicas... convencidos de que la tormenta siempre cae en otro despacho.




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