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Servidores Públicos

  • Foto del escritor: Abel Alcalá H
    Abel Alcalá H
  • hace 6 días
  • 2 Min. de lectura



Donde hay un Estado o gobierno, se da la figura del servidor público, que es cualquier persona que trabaja para el Estado y sus instituciones, proporcionando servicios de utilidad social.

Actúa conforme a la ley, y su conducta y actitud están basadas en las virtudes de honestidad, legalidad y eficacia en el manejo y aprovechamiento de los recursos de la comunidad.


Son servidores públicos quienes prestan servicio al Estado o gobierno con base en un contrato, desde el puesto más bajo en el organigrama hasta el más alto; por lo tanto, un gobernante, presidente, diputado, senador y los secretarios de Estado están considerados como servidores públicos y, por lo mismo, están sujetos a la Ley de Responsabilidad del Servicio Público.


Sin embargo, existe la mala costumbre de que algunos servidores públicos se sientan superiores al resto de las personas que conforman su comunidad.


Este vicio de los servidores públicos causa daños y perjuicios a la comunidad, debido al mal funcionamiento del gobierno, de sus instituciones y de sus dependencias.

Enseguida, mencionamos a dos teóricos de la democracia que han influenciado mucho a los gobernantes de los pueblos, cuyas ideas han sido puestas en práctica con interpretaciones a modo.


Para Thomas Hobbes, la democracia es una forma posible de organización en la que al gobierno se le otorga el poder absoluto; la obediencia, en su concepto, se basa en el contrato social y no en la unanimidad.


Para J. C. Rousseau, la voluntad general es el fundamento de la autoridad política legítima. La democracia permite la realización de la libertad moral, y la participación decidida de los ciudadanos es la esencia misma de la democracia.


La experiencia, que es una de las fuentes del conocimiento, nos dice que, en muchos países, el concepto de democracia se ha prostituido; es decir, se ha subvertido a conveniencia de los servidores públicos.


Es lamentable y grosero ver cómo los servidores públicos exigen a sus representados (patrones) que les rindan caravanas, aplausos, porras, lambisconeria y adulaciones, entre otros. Práctica que, con seguridad, tiene su raíz en las teorías antes mencionadas, las cuales establecen que el pueblo, al elegir a sus gobernantes y representantes (servidores públicos), les otorga todo el poder para hacer y deshacer a su gusto y conveniencia. Esto provoca que los ciudadanos se arrastren para solicitarles favores para que cumplan con sus funciones y, en otros casos, establezcan componendas para obtener dádivas y privilegios.


Lo que la mayoría de los servidores públicos tiene es el vicio de sentirse mandantes y no mandatarios. Un ejemplo claro es que la mayoría de los diputados y senadores de México rara vez consultan a sus representados para llevar su voz y voto al Poder Legislativo en beneficio social; por lo tanto, se atribuyen todo el poder para decidir lo que les conviene. Es ahí donde se siembra la corrupción, la mentira y la traición, que después darán muchos frutos en la mayoría de los servidores públicos.


Otro ejemplo contundente es el gobierno federal actual, en donde el presidente se asume como soberano, rey, dictador o tirano para ejercer el poder en su propio beneficio y en el de sus correligionarios. Usted, lector, tiene la última palabra.

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