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El Candidato

  • Foto del escritor: Abel Alcalá H
    Abel Alcalá H
  • 12 may
  • 2 Min. de lectura

En las democracias modernas, la figura del candidato tiene un relieve especial, pues gane o no el puesto o cargo al que aspira, el hecho de ser candidato le da un cierto reconocimiento en su comunidad.


Esa comunidad ve en cada candidato cualidades y fortalezas que son escasas en la mayoría de los habitantes y que son necesarias para dirigir con éxito a su comunidad a buen puerto: el Bien Común.

¿Cuáles son esas cualidades y fortalezas que forman la naturaleza del candidato y lo visten frente a los ojos de los demás, de tal manera que se gana su aprecio y respaldo?

Un buen candidato se distingue por una combinación de habilidades y técnicas que domina, como: adaptabilidad, proactividad, trabajo en equipo, comunicación efectiva y alto compromiso. Además de la experiencia, muestra responsabilidad, capacidad para resolver problemas bajo presión y alineación con la cultura de la comunidad.


Primero y antes que nada, el candidato debe tener los siguientes hábitos: gran vocación de servicio para la comunidad; honestidad y transparencia; compromiso; trabajo en equipo; actitud propositiva; trabajo bajo presión; proactividad; adaptabilidad; sinceridad; empatía; congruencia; visión; motivación; humildad; mente receptiva; capacidad de comunicación y oratoria; flexibilidad; creatividad e inventiva; vergüenza y carácter; amor a la verdad y amor a la patria; justicia; templanza; prudencia; y saber leer y escribir. El candidato jamás debe pactar con criminales, terroristas y narcotraficantes para obtener respaldo y votos.

¿A cuáles de esas cualidades y fortalezas les dará más importancia la comunidad? Es de pensarse que las cualidades preferidas serán las que están ausentes y cuya carencia en los servidores públicos ha causado mucho daño a la sociedad y al país entero, poniendo en riesgo su futuro como nación libre y soberana.

En contraparte están los vicios que pueden acompañar a un candidato: vicios de carácter, hábitos negativos o rasgos de personalidad desordenados que perjudican a la persona y a su entorno, dificultando la convivencia y el crecimiento personal. Ejemplos clave incluyen soberbia, pereza, envidia, ira, avaricia, gula, lujuria, codicia, deshonestidad, miedo, egoísmo, prepotencia, mentira, traición y demagogia, desplantes asociados con desequilibrios psicológicos o emocionales.

Por las razones expuestas, el candidato debe mostrarse tal y como es ante su comunidad, publicar su trayectoria exponiendo públicamente su hoja de vida, con datos personales tanto privados como públicos, donde se conozca su trayectoria como persona y como profesional. Debe participar en los eventos académicos, profesionales y de planificación de obras, leyes y reglamentos para el bien de los ciudadanos, y así saber por quién se vota y evitar sorpresas desagradables y resultados dañinos para la población. Usted, lector, dice la última palabra.

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