La respuesta, al menos desde la percepción de muchos observadores, no fue limpiar la imagen de los señalados ni exigir investigaciones transparentes para todos. La respuesta pareció ser otra: que nadie se quede limpio.
La reconstrucción democrática de México exige algo más complejo que derrotar electoralmente a un partido.
Exige reconstruir el vínculo emocional entre ciudadanía y libertad.
Hacer comprender que el bienestar sostenible no nace de la dependencia.
Que los apoyos deben complementar desarrollo, no sustituirlo.