Porque mientras la Selección peleaba por seguir viva en el Mundial, afuera también se estaba jugando otro partido: el de una sociedad que muchas veces no sabe celebrar sin ponerse en riesgo. Los festejos desmedidos, el caos vial, el alcohol, la imprudencia y la exaltación terminaron por teñir de tragedia una noche que ya era emocionalmente frágil. Y entonces la derrota dejó de ser solamente deportiva. A la eliminación se sumó lo irreparable: la pérdida de vidas humanas, famil