Llegar tarde es una forma de exilio. No un exilio geográfico, de esos que te obligan a cruzar fronteras con una maleta de cartón y el polvo del camino pegado a las botas, sino un destierro cronológico. Una mudanza forzada al asiento trasero de la historia, justo cuando los créditos ya han empezado a rodar en la pantalla y las luces de la sala amenazan con encenderse. Siempre supe que mi herencia era el residuo. Nací con la certeza absoluta, casi biológica, de que el mundo ya