Otro fraude en Torreón, Coahuila en un caso que involucra a Pilgrim's Pride
- redcomarcamx

- 3 jun
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Actualizado: hace 7 días
En México, los fraudes no siempre llegan disfrazados de urgencia ni de promesas de riqueza inmediata. A veces se construyen con paciencia, con lenguaje técnico, con tiempos “razonables” y con una narrativa que apela más a la confianza que a la ambición. Así operó, según testimonio, el esquema que hoy señala uno de los afectados en torno a un proyecto de granjas vinculadas supuestamente a la empresa Pilgrim’s Pride, con presencia en estados como Veracruz, en un sitio cercano a Xalapa y en Coahuila, en Barroterán.

Durante meses —incluso años— se promovió la idea de un modelo productivo sólido. No se hablaba de dinero fácil ni de retornos inmediatos. Al contrario: el discurso estaba cuidadosamente diseñado para sonar creíble. Se explicaba que las inversiones comenzarían a rendir frutos después del primer año, una vez que las granjas estuvieran operando plenamente.
Fue el 16 de febrero de 2024 cuando Héctor "N" citó a el cuñado de su amigo para ofrecer el proyecto, pidió un millón de pesos, pero en ese momento, el afectado solo pudo darle la mitad, medio millón de pesos. Por una supuesta urgencia, no hubo contrato, pero sí la ficha de transferencia y conversaciones que por seguridad mantuvo, a pesar de que en ese momento parecía que no serían realmente útiles. Tras una breve charla con su cuñado, donde le aseguró que podía confiar en Héctor "N" con los ojos cerrados, se realizó la transferencia. Días después, el ahora afectado acudió a una notaría pública número 60, ubicada en la colonia Residencial los Fresnos, a firmar una supuesta acta constitutiva de una sociedad de la que teóricamente formaría parte, más de dos años después nada había caminado, ni la sociedad, ni las supuestas ganancias de aquella inversión.
Era, en apariencia, un proyecto que requería paciencia, visión y compromiso.
Ese detalle fue clave. Eliminaba sospechas. Le daba al esquema una capa de legitimidad que muchos otros fraudes no tienen. Aquí no había prisa. Había planeación.
En ese contexto aparece el nombre que hoy concentra las acusaciones: Héctor “N”, residente de la zona de Viñedos en Torreón, Coahuila. De acuerdo con el afectado, era el enlace, el promotor, la persona que generaba confianza. Quien explicaba el modelo, quien resolvía dudas, quien pedía las aportaciones económicas bajo el argumento de “sumar inversionistas” para consolidar la operación de las granjas. En el caso particular, Héctor "N" apeló a la confianza de ser amigo del cuñado del afectado.
No era un desconocido que apareció de la nada. Era alguien que hablaba con seguridad, que construía relaciones, que se posicionaba como parte de un proyecto serio. Y eso, en este tipo de historias, es lo más peligroso: cuando el fraude no entra por la codicia, sino por la credibilidad.
El tiempo pasó. Se cumplió el primer año. Después el segundo.
Y los resultados nunca llegaron.
No hubo retornos. No hubo reportes claros. No hubo evidencia sólida de que el proyecto estuviera operando como se prometió.
Lo que sí comenzó a cambiar fue la comunicación. Primero, respuestas más tardías. Luego, evasivas. Después, silencio.
Hoy, de acuerdo con el afectado, Héctor “N” ya no responde llamadas ni mensajes. Ha desaparecido del contacto directo con quienes confiaron en él. Y en ese silencio, dicen, hay una estrategia: dejar que el tiempo pase, que el cansancio haga su trabajo, que la indignación se diluya, que el caso se enfríe. Existe la presunción de que el defraudador tiene contactos dentro de la empresa Pilgrim's Pride, que tienen conocimiento de la estafa, presuntamente, el algún momento de su vida Héctor "N" fue colaborador de esa empresa en alguna de sus plantas en México. Fue ahí donde planeó el esquema.
Pero no está ocurriendo.
Lejos de apagarse, el caso comienza a tomar otro rumbo. El afectado han decidido organizarse, documentar lo ocurrido y avanzar por la vía legal. Ya no se trata solo de conversaciones privadas o reclamos individuales. Se está construyendo un expediente.
Un expediente que no solo apunta a una persona, sino a un posible uso indebido del nombre de una empresa internacional como Pilgrim’s Pride, cuya supuesta relación con estas granjas forma parte central de las promesas hechas a los inversionistas.
Y ahí el tema escala.
Porque si se confirma que el nombre de la empresa fue utilizado sin autorización para generar confianza y captar recursos, el caso deja de ser únicamente un conflicto entre particulares y se convierte en un asunto de mayor gravedad, con implicaciones legales más amplias. Lo real es que hay granjas operando, pero no a nombre del defraudador y tampoco de la supuesta persona moral de la que el afectado nunca supo más, sino a nombre de "AGROPECUARIA SJD SPR de RL de CV". Empresa que ha confirmado conocer al defraudador, pero solo como un participante minoritario y sin posibilidad de hacer solicitud de recursos a nombre del grupo de accionistas.
El afectado asegura que ya se están realizando gestiones tanto por la vía jurídica como ante la propia empresa Pilgrim's, con el objetivo de esclarecer si existía alguna relación real con el proyecto o si se trató de una simulación desde el inicio.
La pregunta es inevitable: ¿existieron realmente esas granjas como se plantearon, o fueron solo una narrativa bien construida para sostener el flujo de dinero?
Hasta ahora, lo único claro es la ausencia de resultados y la desaparición del principal interlocutor.
Y eso, en cualquier esquema de inversión, es una señal inequívoca de alerta.
Este caso expone algo más profundo que un posible fraude individual. Exhibe una falla estructural: la facilidad con la que se pueden construir proyectos aparentemente legítimos sin supervisión, sin transparencia y sin consecuencias inmediatas.
También revela una práctica cada vez más común: utilizar nombres de empresas consolidadas para dar credibilidad a iniciativas que, en realidad, no tienen ningún vínculo formal con ellas. Es una forma de “prestarse reputación” sin autorización, aprovechando el desconocimiento de quienes buscan oportunidades de inversión en sectores que no dominan.
Pero quizá lo más grave no es el mecanismo, sino la apuesta al olvido.
La idea de que en México el tiempo borra los escándalos. De que la gente se cansa. De que las víctimas se resignan. De que todo puede diluirse si se guarda suficiente silencio.
Hoy, quien señala a Héctor “N” dice lo contrario: que no va a soltar el caso, que no va a permitir que desaparezca entre excusas y evasivas, que va a seguir hasta que haya respuestas.
Porque el problema no es solo el dinero.
Es la confianza traicionada. Es el uso de la credibilidad como herramienta de engaño. Es la construcción de una historia que parecía sólida… y que terminó derrumbándose sin dejar rastro.
Y sobre todo, es una advertencia.
Porque mientras no haya consecuencias claras, mientras estos casos no se investiguen a fondo y se sancionen, la historia seguirá repitiéndose con otros nombres, otros proyectos y otras víctimas.
La diferencia es que esta vez, al menos, hay quienes ya decidieron que el silencio no será el final.


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