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Los muertos no hablan: sobre la muerte de El Mencho y la sensibilidad de lo que sabía al Gobierno mexicano

  • Foto del escritor: redcomarcamx
    redcomarcamx
  • hace 10 horas
  • 3 Min. de lectura


La muerte de Nemesio Oseguera Cervantes, alias El Mencho, líder del Cártel Jalisco Nueva Generación, representa uno de los eventos más polémicos en la historia reciente de la seguridad en México. Oficialmente, las fuerzas federales informaron que el capo fue abatido tras un cruce de disparos con autoridades en Jalisco, como resultado de una operación de inteligencia conjunta con apoyo internacional.


Sin embargo, como suele ocurrir en casos de alto perfil, en redes sociales y en ciertos espacios periodísticos surgieron hipótesis alternativas que plantean que “los muertos no hablan” y que, por lo tanto, la muerte de un personaje con tanto poder e información podría resultar conveniente para distintos actores.



La versión oficial

De acuerdo con autoridades mexicanas, la muerte ocurrió durante un operativo de alto riesgo tras años de seguimiento. Se presentó como un golpe estratégico al crimen organizado, resultado de inteligencia acumulada y cooperación internacional.


En redes sociales surgieron cuestionamientos sobre el momento y las circunstancias del operativo. Algunas versiones especulativas sostienen que:

  • Podría haber existido información previa sobre su paradero que no se actuó de inmediato.

  • La narrativa pudo haberse administrado cuidadosamente para controlar el impacto político y social.

  • La confirmación pública se dio en un momento estratégicamente conveniente.

Estas hipótesis parten más de la desconfianza histórica hacia las instituciones que de evidencia directa.


¿Qué información podía poseer?

Uno de los ejes centrales de la teoría es la idea de que un líder criminal de esa magnitud necesariamente acumuló información sensible durante años de operación.

Entre los puntos que se discuten:

  • Posibles vínculos o acuerdos tácitos con autoridades locales o regionales.

  • Conocimiento sobre redes de corrupción policial o política.

  • Información sobre flujos financieros, lavado de dinero o estructuras empresariales utilizadas como fachada.

  • Datos sobre filtraciones en operativos previos.


Históricamente, distintos procesos judiciales en México y en otros países han demostrado que organizaciones criminales suelen mantener relaciones complejas con actores institucionales. Bajo esa lógica, algunos usuarios argumentan que un detenido con vida podría representar un riesgo de revelaciones.


Sin embargo, no existe evidencia pública que confirme que esta haya sido una motivación en este caso específico.


Otra hipótesis plantea que mantener vivo a un líder de alto perfil implica riesgos:

  • Un proceso judicial largo y mediático.

  • Posibles revelaciones en tribunales nacionales o extranjeros.

  • Tensiones diplomáticas si existieran investigaciones internacionales.

Desde esta perspectiva especulativa, la muerte elimina la posibilidad de declaraciones futuras que pudieran comprometer estructuras más amplias.

Por otro lado, también existe la lectura contraria: capturarlo vivo habría representado un triunfo político y judicial aún mayor. Esto debilita la teoría de que necesariamente convenía su muerte.


La reacción violenta y su interpretación


Tras el operativo se registraron episodios de violencia en varias regiones. Para algunos analistas, esto confirma que la muerte fue real y que la organización reaccionó para mostrar fuerza.


Para sectores más escépticos, la violencia también pudo servir para reforzar la narrativa de confrontación directa y justificar la magnitud del operativo.


Ambas interpretaciones coexisten en el debate digital, alimentadas por la falta de transparencia estructural que históricamente ha marcado la relación entre seguridad y política en el país.



“los muertos no hablan”


La frase no solo se refiere al silencio literal de quien fallece, sino a la imposibilidad de que revele información que podría alterar equilibrios de poder.

En contextos donde existe desconfianza institucional, la muerte de figuras clave suele generar sospechas automáticas. No necesariamente porque haya pruebas, sino porque la historia reciente ha dejado precedentes de corrupción y colusión en distintos niveles del Estado.


Hasta donde llega la información pública verificable, la muerte de El Mencho fue el resultado de un operativo de seguridad. Las hipótesis que señalan que pudo haber sido eliminado por lo que sabía pertenecen al terreno de la especulación.


Sin pruebas documentales o judiciales que respalden esas teorías, deben analizarse como parte del debate social y digital, no como hechos confirmados.


Lo que sí revela este caso es algo más profundo: la fragilidad de la confianza pública. Cuando la ciudadanía sospecha que “los muertos no hablan”, lo que realmente está expresando es la percepción de que la verdad completa rara vez llega a conocerse.

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