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Mujer Soltera Corre / Diana Sanz


No quiero dejar de lado a hombres ni a mujeres casadas con este post, por favor no se sientan relegad@s, pero es que hace años había una película que se llamaba “Mujer soltera busca…” y no sé por qué me pareció un buen título para hablar acerca de lo que correr puede hacer por una mujer que busca un nuevo sentido a su vida, pero la verdad es que aplica para cualquier persona que quiera encontrarlo.


Tengo 49 años, empecé a correr cuando tenía 41 y nunca fui deportista en mi vida, NUNCA. Si acaso en los veranos nadaba y jugaba tennis con mis primos, pero no tenía ni el hábito ni el cuerpo de alguien que hace deporte desde niña.


¿Qué me motivó a correr? Que el que era mi esposo decidiera que quería tiempo para pensar qué quería de su vida y se fuera un lunes en la mañana, como lo habíamos acordado, mientras yo iba a dejar a la escuela a mis hijos. Aunque siempre pensé que regresaría unos días después, algo me decía que tenía que correr, nunca supe bien qué fue, aunque sospecho que fue mi alma que sabía que tenía que moverme de lugar y la mejor manera era hacerlo corriendo.


Ese día en la tarde me fui a comprar unos tenis, no sabía cuáles eran los mejores y no me importaba, compré los que me gustaban por los colores, ahora recuerdo que eran unos Nike bien bonitos.

Al día siguiente tuve el atrevimiento de presentarme en la pista de corredores, pensando dar una vuelta, sí… una vuelta de 2 kilómetros… no corrí ni 500 metros sin toser, ahogarme y sacar los pulmones por la boca. Tuve que parar, sorprendida de no poder lograrlo, “siquiera una vuelta” qué ilusa…


¿Pero saben qué? por primera vez en mi vida, no me rendí. Regresé humillada al día siguiente por más sufrimiento, no tenía entrenador, no tenía idea de cómo correr, no sabía ni cómo empezar. Una amiga me dijo que primero tenía que caminar 5 minutos y correr lento (como si pudiera hacerlo rápido) otros 5 minutos y así poco a poco ir bajando el tiempo de caminar para aumentar el de correr.


Ahí comenzó la aventura que no ha terminado, ahora creo que en ese momento cambió mi vida, al decirme a mi misma “algún día tienes que completar una vuelta”, ese era mi objetivo, esa fue mi primera meta.


A partir de ahí tengo muchas historias, son 8 años corriendo, lesiones han ido y venido, metas cruzadas, primero logré dar una vuelta, me sentí tan poderosa y feliz que decidí ponerme la siguiente meta, dos vueltas seguidas algún día. Pero antes de hacerlo, mi amiga me inscribió a una carrera de 5 kilómetros, lo que me pareció imposible de lograr, claro que lo logré, con un esfuerzo que yo consideré sobrehumano, pero lo logré. “Jamás correré una carrera de 10 kilómetros”, otro pensamiento que derroté y he corrido varios medios maratones.


Hace algunos años pensé con toda certeza que jamás correría un maratón, jamás desearía correr 42 kilómetros, ¿cómo para qué?, ¿por qué querría yo hacer esa locura?, ¿entrenar para un maratón?, ¡qué tortura!, JAMÁS.


Los que siguen mi blog saben que hace poco más de un mes corrí mi primer maratón, a los 49 años, lo hice para despedir una década complicada pero llena de crecimiento, el entrenamiento fue duro, tuve que ser muy disciplinada, constante y no rendirme nunca. Era en realidad la tercera vez que intentaba hacerlo pero por lesiones anteriores no había podido seguir con el entrenamiento. Esta vez fue diferente, y cruzar la meta sí cambió mi vida.


Quizá no de un modo inmediato, no fue algo que sentí al momento de cruzarla, ni siquiera al día siguiente o en esa semana, fue un proceso de unos días durante el cual hice un análisis de lo que ha sido para mi correr.


Mi esposo no regresó. Mi vida fue muy complicada en esos días, semanas y meses, pero siempre estuvo de mi lado correr, si alguien me pidiera un consejo de cómo salir adelante de una pérdida, le diría que corra, por su vida, por amor propio, por salud, o porque es una de las maneras más claras que tenemos de demostrarnos a nosotros mismos que no hay imposibles si de verdad deseamos hacerlo, aunque suene trillado.


Correr mejora el estado de ánimo de manera inmediata, no importa si son 200 metros para empezar o 10 kilómetros porque ya has entrenado. No subestimen el poder de una corrida, es un refuerzo postivo inmediato al estado de ánimo, es algo químico, sucede porque sucede.


Cuando corres, te demuestras a ti mismo que puedes ser mejor de lo que eras, no tienes que probarle nada a nadie más que a ti, y cuando lo logras, la sensación de felicidad es inmensa.

No importa la velocidad a la que corras, si lo haces lento lo estás haciendo mil veces mejor que las personas que están en un sillón comiéndose unas papas (aunque a veces quiseras estar tirada viendo la tele con esas papas) te da mucha más felicidad cuando consigues esa fuerza de voluntad para lograrlo, y esa misma fuerza la ejercitas, es como un músculo que trabajas todos los días para levantarte e irte a correr, pero cuando ese músculo crece, te sirve para muchas cosas más.


Correr duele, exige, doblega tu orgullo y suplicas volver a tu vida anterior de flojera, pero si estás dispuesta a hacerlo y lo logras, vas a sanar lo que sea que estés lista para sanar. Correr te enseña a no rendirte.

Si tienen un drama espantoso en su vida y se van a correr, van a cambiar el malestar emocional por el malestar físico y, créame, es mucho mejor. Además eso les va a demostrar que tienen la fuerza que necesitan para encontrar soluciones a lo que sea que están viviendo.


Correr hace que tú seas tu propio héroe, no hay nada mejor que eso cuando estás triste. Te da fortaleza y coraje para enfrentar retos.

Correr te enseña a disfrutar tu propia compañía, en lugar de esperar a que alguien te haga feliz, eso empodera a cualquiera.


Podría escribir horas y horas de las bondades de correr, pero sería un post larguísimo, lo que quisiera es que todas esas mujeres de mi generación (cuarentas-cincuentas) que se sienten medio perdidas (casadas, solteras, o sea cual sea su situación sentimental y estado civil) es que probaran por un tiempo lo que les puede provocar salir a comprarse unos tenis y empezar a correr, si pudiera inspirar al menos a una y se diera cuenta lo fuerte que es porque rompe sus propias barreras, se convierte en su propia heroína, disfruta de su compañía y esto provoca que descubra que puede ser feliz a pesar de todos los problemas que la vida le va a presentar, entonces no solo habrá valido la pena correr para encontrarme yo, habrá valido la pena para que alguien más sea feliz, NECESITAMOS GENTE FELIZ.


La persona que era yo antes de correr y la que soy ahora, en escencia es la misma, pero mejorada, correr me ha demostrado que soy fuerte, me ha hecho resiliente, me ayuda ver los problemas de manera diferente, me ha ayudado a recuperar la salud, emocional y física, me ha hecho conocer personas maravillosas que ahora son parte de mi vida, tengo amigos increíbles que no sé si hubiera conocido si no hubiera empezado a correr hace 8 años.


No se trata de ser perfecto, se trata de esforzarse, cuando lo haces cada día, la transformación ocurre, así es como cambia tu vida. Valoras cada logro que consigues.

Después de correr un maratón, puedo asegurar que esa voz que te dice “no vas a poder” miente con los dientes, incluso ahora estoy pensando hacer algo que juré que jamás haría, quiero la revancha, quiero otro maratón, ahora sé que puedo y que además puedo hacerlo mejor.


Cuando corres, primero sientes que te mueres y después sientes que renaces, tengan paciencia, no tengan miedo de ser principiantes. Nadie se levanta un día y corre un maratón sin entrenar, así como yo quería llorar cuando no podía correr más de 500 metros, también quise llorar (y lloré) cuando corrí mis primeros 2 kilómetros. Correr es una celebración de lo que tu cuerpo puede hacer, no es un castigo por algo que comiste.

Creo que ya dije suficiente y, ¿saben qué?, no me crean nada, piensen que soy una exagerada y una mentirosa y salgan a demostrarme que no tengo razón, los reto a empezar a correr y ponerse una meta, la que sea, que la alcancen y que esto no cambie su vida para siempre.


Después de todo, para correr solo necesitan un corazón, un alma y un par de piernas.

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